CÓMO EVITAR Y/O TRATAR UN ACCIDENTE CEREBROVASCULAR

 El accidente cerebral agudo –sea un infarto o un derrame masivo- es hoy en España la primera causa de muerte en el caso de la mujer y la segunda en la de los hombres. Y la primera de invalidez permanente en adultos. Pues bien, hasta el momento se ha ignorado lo que Medicina Tradicional China puede aportar en su prevención y recuperación. Y sin embargo su visión global de la persona permite identificar con antelación un conjunto mayor de síntomas para prevenir mejor el potencial riesgo de sufrirlos. Y no sólo puede ayudar en la prevención. De hecho en la actualidad tanto esta disciplina como la Medicina Natural consiguen mejorías allí donde la medicina convencional farmacológica no sabe qué hacer. A mi hermano José Mi hermano José falleció el pasado 24 de diciembre en la UCI de un hospital de Alicante a los 56 años de edad víctima de un derrame cerebral masivo sufrido tres semanas antes cuando se disponía a desayunar. Era hipertenso pero no le sirvió la medicación. Fue fulminante. “¿Podía haberse hecho algo más?”, preguntó su hijo a la doctora que le atendió en el suelo de su casa. “Nada –le contestó-, estos accidentes cerebrales son imprevisibles”. Sin embargo en los últimos meses mi hermano había sufrido diversos trastornos que nadie supo valorar de forma integral por lo que los médicos le recomendaron para las molestias estomacales antiácidos, como dormía mal y padecía de ansiedad ansiolíticos y para la tensión los medicamentos de costumbre. Apenas quince días antes de sufrir el derrame cerebral, cuando supe cómo estaba y ante mi insistencia, había accedido a visitar a Roberto Carlos Solís, experto en Medicina Tradicional China (lea el lector en nuestra web –www.dsalud.com- el artículo que con el título Novedoso método para afrontar el cáncer basado en la Medicina Tradicional China apareció en el nº 110 en el que fue entrevistado)- cuya consulta está en la localidad de Alfaz del Pi, cerca de Alicante. Fue entonces cuando éste le dijo que su hígado estaba muy intoxicado -nadie antes le había dicho que tuviera problema hepático alguno-, los riñones afectados y había riesgo de un posible problema vascular. ¿Qué no se podía haber hecho nada más para evitarlo? “En una clínica china –me dijo Solís cuando le hice a él esa misma pregunta- tu hermano hubiera quedado automáticamente ingresado porque el ‘fuego’ del hígado acaba ascendiendo al cerebro y en estos casos lo devora”. Aquí no; aquí quince días después de la muerte su mujer recibió una llamada de la Seguridad Social para comunicar a mi hermano que ya tenía hora para el especialista de riñón. Sin comentarios. Lamentablemente el tratamiento depurativo que le sugirió Solís no tuvo tiempo de actuar. Durante su estancia en la UCI los médicos dieron pocas esperanzas a la familia. El derrame había sido tan masivo, dijeron, que parecía imposible que se recuperara del coma. Y así fue. Bueno, pues a pesar de todo me rebelé, quise intentar lo imposible y pedí que se nos dejara al menos tratarle con Acupuntura en la UCI. Pero sus médicos se negaron. Cuando unas pocas agujas de acupuntura entre tanto tubo y monitor no hubieran interferido en su tratamiento y además las expectativas de recuperación según ellos mismos eran casi nulas. Simplemente se negaron a alterar sus “protocolos”. Luego, ¿se podía o no haber hecho algo más? Yo estoy convencido de que sí y por eso escribo este artículo. Con la intención de que los médicos de familia y los médicos de las UCI aprendan de una vez a mirar por encima de los anteojos de lo que creen certezas inamovibles y no desprecien los conocimientos y la sabiduría de quienes tienen otras formas de entender la salud y la enfermedad. Como ocurre con la Medicina Tradicional China cuyos tratados terapéuticos tienen una antigüedad de más de 5.000 años. Especialmente porque la medicina farmacológica moderna no tiene ni un siglo de desarrollo y sus resultados en las enfermedades crónicas y degenerativas son prácticamente nulos. EL ACCIDENTE CEREBRAL VASCULAR Los médicos llaman hoy Accidente Cerebral Vascular o ACV tanto a la reducción como a la interrupción del suministro de sangre al cerebro o a una parte del mismo –y entonces se dice que es isquémico- como a la ruptura de algún vaso sanguíneo –y entonces se le denomina hemorrágico-. Hablándose de infarto cerebral cuando parte del encéfalo muere por esa causa. Agregaré que al primero, al accidente cerebrovascular isquémico, se le llama tambiénapoplejía, ictus cerebral, ictus apoplético oataque cerebral y se da en el 80% de los casos. Y se produce cuando el flujo de sangre de las arterias del interior del cráneo, de las arterias cervicales, de las arterias carótidas o de las arterias vertebrales se reduce, algo que suele suceder a causa de un estrechamiento de las mismas que es a lo que se llama arterioesclerosis. Cuando en cambio el flujo llega a interrumpirse de forma brusca y total suele deberse a un trombo o coágulo, es decir, a una pequeña masa de sangre coagulada que obtura el canal sanguíneo. Actualmente el grupo de enfermedades cardiovasculares en el que se encuadran los ACV supone la segunda causa de muerte y discapacidad a largo plazo en los países desarrollados. Y la cuarta parte de las muertes por enfermedades cardiovasculares son debidas a un ACV. En España se estima que hay entre 120 y 320 casos al año por cada 100.000 habitantes –las cifras varían según los estudios que se consulten- considerándose la primera causa de muerte en la mujer y la segunda en los hombres así como la primera causa de invalidez permanente en adultos y la segunda causa de demencia. ¿Y qué lo provoca? Pues las causas dependen de varios factores y son distintas según se trate de un estrechamiento arterioesclerótico o de un bloqueo por un trombo o coágulo pero suele avisarlo tener la presión arterial elevada, anemia grave, déficits nutricionales –especialmente de vitamina C-, exceso de triglicéridos en sangre y trastornos en la coagulación así como en la producción de glóbulos blancos y/o rojos siendo factores de riesgo conocidos la acidificación del organismo, el consumo de drogas –y eso incluye la ingesta de fármacos, el tabaco, el alcohol, la obesidad, el sedentarismo y la diabetes. En cuanto a las hemorragias intracerebrales, ¿qué las produce? Pues la ruptura de alguna pared arterial cuando se dilata en exceso -dilatación a la que los médicos denominan aneurisma- lo que hace que la sangre invada el interior del parénquima encefálico aunque puede extenderse asimismo al sistema ventricular o espacio subaracnoideo. Diciéndose que es primaria si la hemorragia se debe a la rotura de un vaso del parénquima encefálico que estaba afectado por arteriosclerosis y secundaria si se trataba de vasos neoformados (hemorragia en el seno de un tumor), vasos congénitamente anormales (malformación vascular) o vasos afectados por procesos inflamatorios (arteritis). ¿Y qué hace que la pared arterial pueda debilitarse tanto como para romperse cuando se dilata? Pues sobre todo –aunque muchos médicos, neurólogos incluidos, lo ignoran- el déficit de determinados nutrientes -especialmente de las vitaminas A, C y E, de aminoácidos como la lisina y la prolina y de ácidos grasos omega 3 (lea en nuestra web –www.dsalud.com- el reportaje que apareció en el nº 64 con el título El método más eficaz para prevenir y tratar los problemas cardiovasculares)-, la intoxicación y acidificación del organismo, la hipertensión, la ingesta de muy distintos fármacos, la exposición a radiaciones electromagnéticas, los traumas psicoemocionales o una infección microbiana patógena. Termino este breve resumen indicando que cuando el problema de isquemia o falta de sangre en el cerebro dura poco tiempo se califica de microinfarto o miniaccidente cerebrovascular y los daños no suelen ser permanentes ni de gran importancia pero es una seria advertencia de que en el futuro esa persona pueda sufrir un accidente cerebrovascular más grave e incapacitante si no toma medidas. En cuanto a los problemas que un accidente cerebrovascular no mortal suele provocar son los de somnolencia, pérdida de conocimiento, sensación de hormigueo en medio cuerpo, pérdida de visión, falta de control sobre las extremidades, pérdida del equilibrio, torsión de la boca y la lengua, cambios emocionales, de la personalidad o del estado de ánimo, hemiplejía -parálisis de un lado del cuerpo al resultar dañadas las vías de conducción de los impulsos nerviosos- y coma. Evidentemente cuando cualquiera de tales síntomas aparece se inicia una auténtica carrera contra el tiempo por lo que cuanto antes llegue el paciente al hospital antes podrá recibir –normalmente en la UCI- los cuidados previstos en los protocolos para tratar de salvarle la vida o evitar que su situación sea irreversible. Al menos en teoría porque lo cierto es que en la práctica no se obtienen demasiado a menudo los resultados que cabría esperar. Agregaré que aunque los tipos y grados de discapacidad dependen del área del cerebro que haya sido dañada podemos señalar cinco tipos principales que pueden presentarse de forma aislada o combinadas: parálisis o dificultad para controlar los movimientos, perturbaciones sensoriales, problemas para usar o comprender el idioma, perturbaciones emocionales y problemas con el pensamiento y la memoria. Siendo la rehabilitación un proceso muy lento en el que la incorporación a las tareas más simples de la vida cotidiana se convierte en un nuevo aprendizaje desde cero, repetitivo y diario. También se da el caso dramático de quienes a pesar de sobrevivir no llegan a recuperar nunca la consciencia. Resumiendo, los accidentes cerebrovasculares son por lo general repentinos y sus consecuencias gravísimas. Y en la mayoría de los casos no hay síntomas previos aparentes que avisen por lo que según la medicina convencional lo único que puede hacerse por evitarlos es llevar una vida sana atendiendo a sus principales “factores de riesgo”. Solo que según los médicos uno de ellos es ¡la edad! Lo que justifican porque a partir de los 55 años el riesgo se duplica cada 10 años y tres de cada cuatro afectados tiene más de 65. Cuando achacarlo a la edad es una simplificación ya que la causa sería en todo caso el deterioro vital de buena parte de las personas mayores -hoy medicalizadas hasta la náusea- porque a otras ese problema no les afecta (las hay que llegan a los 100 años en perfectas condiciones mentales ya que no físicas). Luego la edad por sí misma no es ningún “factor de riesgo”. El segundo “factor de riesgo” según los médicos es la hipertensión… sólo que ésta es, de nuevo, el efecto de otro u otros problemas. Y el tercero las cardiopatías; y de nuevo pasa lo mismo. Lo que sí tiene sentido en cambio es que se considere factor de riesgo fumar –los fumadores sufren entre 2 y 4 veces más accidentes cardiovasculares que los no fumadores-, la diabetes y el abuso de alcohol y otras drogas (fármacos incluidos). Es discutible que sea asimismo factor de riesgo un elevado nivel de colesterol en sangre aunque sí lo sea un alto nivel de triglicéridos y éste en cambio no se valora. Dicho esto añadiremos que la Medicina Tradicional China tiene una visión mucho más completa tanto del problema como del origen y desarrollo de los accidentes cerebrovasculares. Entre otras cosas porque no desvincula los problemas físicos de los psíquicos y emocionales. ¿Y cuál es su visión? Veámosla de forma somera. LA VISIÓN DE LA MEDICINA TRADICIONAL CHINA Digamos para empezar que la Medicina Tradicional China señala como principales causas de un accidente cerebrovascular las siguientes: -La densificación de la sangre. Según los chinos se produce por insuficiencia de Zeng Qi y Wei Qi -dos conceptos que de alguna manera representan al sistema inmunitario y su capacidad de respuesta- siendo ello lo que permite la entrada del Viento Externo, concepto que define tanto a los patógenos microscópicos en suspensión que hay en el ambiente como a las alteraciones electroestáticas de las cargas eléctricas de nuestro flujo sanguíneo producto de las cargas eléctricas de los tóxicos y emisiones electromagnéticas negativas. Sería todo ello lo que hace que el flujo sanguíneo pase de ser disperso, fluido y de baja tensión a volverse sedimentado y de alta tensión. -Una nutrición deficitaria o inadecuada. En este apartado existe coincidencia parcial con nuestros postulados convencionales. Según los chinos los accidentes cerebrovasculares tienen que ver con el abuso de alimentos grasos, alimentos crudos fríos, bebidas alcohólicas y dulces -no sólo en cuanto a la cantidad sino también respecto a su ingesta en horarios indebidos- porque acaban provocando un aumento de Tan, es decir, una acumulación de grasas, toxinas y restos de sustancias ingeridas e insuficientemente metabolizadas que luego el organismo no es capaz de eliminar a través de los mecanismos fisiológicos de depuración -especialmente del riñón y el hígado- dando lugar a la formación de ateromas y trombos en las arterias. -Traumas emocionales. Probablemente una de las causas más frecuentes en la actualidad ya que el exceso de preocupaciones, la tristeza y el estrés continuado sumado a una debilidad constitucional pueden afectar el equilibrio Yin-Yan, conceptos que representan la polaridad positiva y negativa del complejo sistema bioeléctrico que es nuestro organismo. Un exceso de toxinas -sobre todo en el hígado- provoca lo que los chinos denominan Viento Interno. “Viento“ que asciende y azota al organismo –para entendernos, una alteración electroestática provocada por la naturaleza eléctrica de los tóxicos endógenos, exógenos y residuos metabólicos- lo que a su vez produce Feng (viento) y el Re Huo (fuego) –término que significa energía en ascensión-, inflamación o acidez alterando la sangre que se densifica. Lo que dificulta el flujo sanguíneo –que es a lo que nuestros médicos llaman estasis- hasta provocar un accidente cerebrovascular. LA APORTACIÓN DE LA MEDICINA TRADICIONAL CHINA A LA PREVENCIÓN A la vista de estos postulados un accidente cerebrovascular no es pues algo repentino e inesperado sino la consecuencia final de un claro deterioro progresivo del organismo cuyos síntomas suelen estar a la vista de todos durante semanas o meses sin que nadie -incluido el propio afectado- los valore en su conjunto. De ahí que en el mejor de los casos sean tratados de manera aislada por los médicos de acuerdo a los postulados de especialización de la medicina convencional. Y sin embargo todo fuego -utilicemos el lenguaje metafórico propio de la Medicina Tradicional China- antes de convertirse en un incendio que devora todo comienza siempre con una llama. “La primera fase de un accidente cerebrovascular según mi experiencia –nos diría Roberto Carlos Solís, neuropsicólogo y especialista en Medicina Tradicional China, cuando hablamos con él- es un estancamiento en el sistema Zhang Fu (que para los antiguos chinos comprende cinco órganos -corazón, hígado, bazo, pulmones y riñones-, las seis vísceras y los “órganos extraordinarios”, entre los que se cuenta el cerebro), especialmente en hígado riñones y corazón. El paciente suele presentar algunos de los siguientes síntomas clínicos: sensación de distensión abdominal, dolores de cabeza que se desplazan, presencia de masas abdominales, depresión, pesimismo, cambios de humor, suspiros, pulso tenso y lengua ligeramente púrpura indicando un posible estasis de sangre. He comprobado que estos pacientes generalmente tienen problemas emocionales y manifiestan frustración, cólera reprimida, resentimientos y, sobre todo, ira”, ¿Distensión abdominal, cambios de humor, dolores de cabeza intermitentes…? Raramente un médico considerará tales síntomas –al igual que el resto de los enunciados- como parte de un mismo proceso patológico. Así que cada uno de ellos se trata de forma aislada y sin siquiera buscar su causa porque lo único que se le propone normalmente al enfermo es que ingiera fármacos para aliviar los síntomas: antiinflamatorios, analgésicos, antiácidos, ansiolíticos, antidepresivos…. Y obviamente con el paso de los días, semanas y meses la situación se agrava. “Es cuando se entra –continuaría explicándonos Roberto Carlos Solís- en la fase que los antiguos chinos llamaban de calor hepático y cardíaco. Acaece cuando en la fase anterior no se le brinda al enfermo un tratamiento global adecuado e inevitablemente engendra con el tiempo calor interno –es decir, toxicidad y acidez- en el hígado que a su vez provoca irritabilidad, cólera e ira pudiendo el rostro ponerse colorado, los ojos rojos y la lengua con saburra (capa mucosa que la cubre)amarilla. Otros síntomas habituales son la presencia de acúfenos, un pulso fuerte, vértigos, gusto amargo, sueño inquieto, insomnio, estreñimiento, oscurecimiento de la orina, dolores de cabeza más frecuentes, lengua morada, epistaxis e hipertensión”. Hoy nadie duda de que el bazo es una herramienta imprescindible del sistema inmune, de que los riñones son fundamentales por su función depurativa de eliminación de tóxicos y su participación en el proceso de formación hematológica enviando células especializadas al hígado ni de que éste, entre sus múltiples funciones vitales, tiene la de almacenar, eliminar y depurar toxinas de la sangre. Y es lógico colegir que cuando estos tres órganos no funcionan bien la acumulación anormal de tóxicos puede llegar a un nivel insoportable que lleve al organismo a una situación desesperada. Los síntomas abarcan pues ya en esta segunda fase una amplia variedad de órganos y emociones que dificultan la visión unilateral de la medicina convencional sobre la situación de un paciente que suele encontrarse ya al borde del accidente cerebrovascular. “Con estos síntomas de manera continuada en el tiempo –nos concretaría Solís- se puede producir en cualquier momento un fuerte dolor de cabeza, pérdida brusca del conocimiento, convulsiones, ojos y boca desviados, una hemiplejía, estado afásico… En definitiva, un accidente cerebrovascular que requiere de una atención médica inmediata. Algo que, lamentablemente, se podría haber evitado con un tratamiento preventivo que incluyera una dieta adecuada, acupuntura, fitoterapia, moxibustión, masaje y, por supuesto, si se considerara necesario, farmacología convencional”. EL PAPEL DEL HÍGADO Y LOS RIÑONES EN EL ACCIDENTE CEREBROVASCULAR Como el lector imaginará el cuidado del hígado –almacén de la sangre y gran depurador del organismo- es fundamental para la Medicina Tradicional China. Y es que un mal funcionamiento del mismo se puede reflejar en múltiples disfunciones orgánicas, incluidas las digestivas (digestiones lentas o difíciles, náuseas, vómitos, mareos…). Por lo que se refiere al sistema circulatorio el hígado influye en el estado de los vasos sanguíneos. Y la insuficiencia hepática facilita la fragilidad de los capilares sanguíneos lo que indudablemente repercute en un aumento de posibilidades de un problema cerebrovascular. Al mismo tiempo, dada su relación con el sistema circulatorio como filtro sanguíneo, su insuficiencia puede percibirse en cefaleas, taquicardia, ahogos e, incluso, problemas de falta de concentración, memoria o depresión. No menos importante para la prevención de un accidente cerebrovascular es el adecuado funcionamiento de los riñones y la rápida detección de posibles problemas en ellos. “Según la teoría de los 5 elementos de la Medicina Tradicional China que tiene 5.000 años de antigüedad -nos explicaría Solís- el riñón es un elemento ‘Agua’que genera ‘Madera’ (hígado). Y ello evidencia que la relación entre ambos órganos se conocía hace ya miles de años. Por otro lado el elemento ‘Agua’ (riñón) controla al ‘Fuego’(corazón). Siendo la ‘Madera’(hígado) la que aviva el ‘Fuego’(corazón). Por otra parte si el funcionamiento del riñón es deficiente tampoco podrá controlar el corazón siendo ello lo que provoca las subidas de tensión por lo que a su vez no podrá generar ‘Madera’(hígado). En suma, si las funciones que interrelacionan hígado, riñón y corazón están alteradas se corre el riesgo de sufrir en cualquier momento un accidente cerebrovascular”. Una vez más pues la medicina convencional debería rendirse al conocimiento de la Medicina Tradicional China. Porque hoy los especialistas del riñón aceptan ya sin reticencias la relación entre la enfermedad renal crónica y la enfermedad cardiovascular. Asumiendo que la patología de un órgano puede suponer la patología del otro. Y que poco importa por tanto en cuál empiece el problema ya que en general se pueden terminar viendo afectados los dos. De hecho si la enfermedad se inicia en el riñón el enfermo tendrá en un 95% de los casos hipertensión arterial -causa básica de los accidentes cerebrovasculares-y en el 85% afectación cardiovascular. No olvidemos que el riñón está implicado en el origen de la hipertensión. En definitiva, todo apunta por tanto a que la prevención de un accidente cerebrovascular pasa fundamentalmente –como en la mayoría de las patologías crónicas y degenerativas así como en cáncer- por una profunda desintoxicación del organismo y una alimentación adecuada. TRATAMIENTO DE LOS ACCIDENTES CEREBROVASCULARES Por puro sentido común pues lo que la Medicina Tradicional China propone inicialmente ante un síntoma es tratar de forma global el organismo para prevenir la aparición de nuevos síntomas. Lo que no implica que si el accidente cerebrovascular se produce no pueda asimismo servir de ayuda. Primero porque puede averiguarse el tipo de accidente cerebrovascular sufrido mediante la observación de la lengua y los ojos así como con la valoración de los pulsos (en plural). Sin olvidar que hoy día hay dispositivos que miden los parámetros energéticos de los vórtices y canales descritos por los antiguos chinos –chacras, nadis y meridianos- e incluso sugieren cómo equilibrarlos o desbloquearlos con agujas de acupuntura o simple digitopuntura (usando los dedos). Es el caso -entre otros- del Bimet o del Acugraph que en apenas unos minutos realizan una completa exploración diagnóstica. Por lo que respecta a la fase aguda en nuestro país no es posible –lamentable y vergonzosamente- que el enfermo o su familia pueda opinar sobre los tratamientos aplicados teniendo que someterse a los que otros deciden en función de sus creencias o intereses cuando es su salud y su vida lo que está en juego. Cuando alguien entra en una UCI no se permite a nadie ajeno al servicio que proponga o sugiera nada, sea médico o no. Ni siquiera si la situación del paciente es tan desesperada que los propios galenos que lo atienden reconocen no poder hacer nada por él y se limitan a confiar en que el organismo resuelva el problema por sí mismo. A pesar de que unas agujas de acupuntura, por ejemplo, no interfieren con los aparatos médicos de una UCI. “En mi opinión –nos diría Solís- una de las terapias más eficaces y de mejores resultados porque así se ha constatado en hospitales chinos es la llamada Acupuntura Avanzada Neurológica Carpiano Maleolarque creara el neurólogo chino Zhang Xin Shu. Otro método útil sería la conocida Acupuntura Craneal que desarrolló el doctor Jiao Shu Fa con la que se trata al paciente en las áreas específicas del cráneo atendiendo a las funciones que cada una de ellas controla. Obviamente también puede utilizarse la Acupuntura clásica para reequilibrar los canales energéticos. Y posteriormente, durante la fase de rehabilitación tras la fase aguda y dependiendo del estado del paciente, la famosa Fitoterapia china cuyo poder curativo es indiscutible y que se basa en la combinación milenaria de plantas. En estos casos concretamente usando las fórmulas conocidas como Tian Ma Gou Ten, Xiao Yao Piano Long Dan Xie Gan Pian destinadas a eliminar el calor, desintoxicar el hígado, liberar sus vías de paso y desbloquear los meridianos y órganos afectados”. Debemos añadir que hasta hace bien poco los neurólogos creían que tras un accidente cerebrovascular las neuronas muertas no podían regenerarse y la persona afectada no podía por tanto mejorar. Recientes investigaciones han demostrado sin embargo que el cerebro es mucho más plástico de lo que se creía y que las secuelas de un accidente cerebrovascular son en cierta forma reversibles. Nos referimos a la capacidad del cerebro para renovar o reconectar sus circuitos neuronales a fin de que otras partes del cerebro asuman las funciones de las zonas dañadas. Evidentemente el establecimiento de nuevas sinapsis o conexiones se realiza a nivel bioquímico pero los neurólogos parecen olvidar -o ignoran- que detrás de cada proceso químico hay un proceso bioeléctrico, energético. Y ello permite inferir que el trabajo energético de la Medicina Tradicional China puede contribuir a esa recuperación. De hecho no se trata de una mera posibilidad teórica: la práctica señala que la integración de los protocolos occidentales y los derivados de la medicina china permiten obtener mejores resultados en los enfermos de accidente cerebrovascular que los protocolos occidentales solos. En un estudio titulado Avances en estudios clínicos y experimentales sobre tratamiento con Acupuntura de la hemorragia cerebral aguda efectuado por investigadores chinos en el Hospital Central de Tianjin se afirma como conclusión: “La acupuntura logra mejorar los síntomas y signos clínicos de los pacientes con hemorragia cerebral; la acupuntura y la estimulación inducida mejoran el flujo sanguíneo cerebral y modulan de forma positiva algunas sustancias bioactivas como los aminoácidos excitatorios e inhibitorios, la endotelina, el CGRP, la proteína 70, etc. Por tanto se recomienda en la práctica clínica combinar la acupuntura con la medicina de forma temprana en la fase aguda de la hemorragia cerebral”. Asimismo, en el trabajo La acupuntura y la terapia de la moxibustión en el accidente cerebrovascular. Fundamentos de aplicación publicado en el Chinese Journal of Clinical Rehabilitation se revisaron 76 estudios realizados entre 1996 y 2002 concluyéndose que la acupuntura y la moxibustión permiten drenar los meridianos y vasos colaterales disolviendo el estancamiento mediante la activación de la circulación sanguínea, regulando el yin y el yang y mejorando síntomas clínicos de los pacientes como la alteración de las extremidades, la logagnosia, la disfagia y otros. Concluyéndose que “la acupuntura y la moxibustión están recomendadas y aprobadas como tratamiento de rutina para tratar el accidente cerebrovascular, especialmente durante el estado de remisión y el estado de rehabilitación de secuelas”. Cabe igualmente citar en el mismo sentido el trabajo Estudio sobre el mecanismo de la terapia de acupuntura en el tratamiento de secuelas de accidente cerebrovascular o lesión cerebral en el que se afirma: “La acupuntura mejora la microcirculación, favorece la resolución del estasis del flujo sanguíneo y acelera y mejora el estado del cerebro anóxico. Además reduce la presión arterial y disminuye los factores aglutinantes de la sangre lo que reduce su viscosidad y previene la formación de microembolias”. Y son sólo tres de los muchos ejemplos que permiten afirmar que la Medicina Tradicional China es útil en los casos de accidentes cerebrovasculares agudos. Está científicamente constatado aunque la mayoría de los médicos occidentales lo ignore. Evidentemente también son numerosos los estudios que hablan de la combinación de lo mejor de la medicina china y convencional. Así, en el trabajo Ensayos clínicos de protocolo terapéutico integral sobre accidentes cerebrovasculares isquémicos agudos tratados con Medicina Tradicional Chinase observó el efecto de un protocolo de medicina china y occidental integradas (ICWM) en el tratamiento del ictus isquémico agudo. Y en comparación con el grupo de control el tratado con el protocolo conjunto mostró un menor deterioro neurológico según las escalas occidentales y un menor nivel de los síntomas y signos según los baremos de la medicina china. Po lo que en la conclusión se asevera: “El protocolo de tratamiento ICWM utilizado en este estudio puede mejorar la función neuronal y los síntomas y signos de pacientes con ictus isquémico agudo”. Añadiremos para finalizar que en el trabajo titulado El tratamiento de la hemorragia intracerebral aguda (AICH) con un protocolo global integrado de medicina china y occidental se concluye asegurando que “el protocolo de ICWM (medicina china y occidental integradas) utilizado en este estudio puede mejorar la función neuronal y la calidad de vida de los pacientes de AICH así como reducir la mortalidad y la tasa de discapacidad grave en los tratamientos después de 90 días”.;y que en otro titulado El efecto del protocolo integral de la medicina china y occidental integrada en la actividad de la vida diaria y la calidad de vida de 404 pacientes con hemorragia intracerebral aguda -éste publicado en el Chinese Journal of Gerontology- se concluiría que “el protocolo integrado ICWM tiene un mejor efecto sobre la actividad diaria y la calidad de vida que la medicina occidental más placebo”. Obviamente son sólo algunos ejemplos. Hay muchos más. Termino este texto confiando en que lo aquí dicho, especialmente por cuanto se habla de estudios de carácter convencional sometidos a los parámetros de la ciencia más ortodoxa, haga reflexionar a nuestros neurólogos y al menos excitesu curiosidad. Porque hoy, lamentablemente, se han acostumbrado a esperar posibles recuperaciones milagrosas sin hacer gran cosa y encima a mirar con desprecio cualquier propuesta terapéutica de la que lo ignoran todo en una actitud de soberbia que es siempre la máscara con la que se recubre la ignorancia. A ellos dedico este artículo pero muy especialmente a la joven doctora que cuando le pregunté sobre la posibilidad de tratar con Acupuntura a mi hermano dado lo desesperado de su situación después de que se nos dijera que no creían que hubiera recuperación posible me miró y, entre perpleja y despectiva, me espetó: “No, en la UCI imposible. Espere a que lo pasen a planta e inténtelo allí”. Es hora de que nuestros médicos entiendan que los hospitales son servicios públicos y que ellos son meros gestores, no los dueños de los mismos. Y que deberían respetar los deseos de sus enfermos y/o sus familias porque es su salud y su vida la que están en juego. Antonio F. Muro ________________________________________ La regeneración de las neuronas y los axones será posible En los últimos años han sido varias las investigaciones que han dejado en entredicho tres de las principales creencias o convicciones de los neurólogos: que las neuronas no se pueden regenerar, que no es posible potenciar las conexiones neuronales y que no es posible remielinizar las vainas. Lo que abrió posibilidades de recuperación a las personas afectadas por accidentes cerebrovasculares que si aún no han fraguado se debe muy probablemente a que al no tratarse de fármacos que permitan el lucro a alguna farmacéutica no interesa apoyar las investigaciones. Así, en el nº 31 de la revista –correspondiente a septiembre del 2001- publicamos una noticia en la que explicábamosque ungrupode investigadores norteamericanos había descubierto cómo aumentar espectacularmente la capacidad de regeneración de las neuronas adultas mediante la manipulación de un sólo gen –se hizo en ratones de laboratorio- lo que permitió producirgrandes cantidades de unas proteínas denominadas integrinas que permiten a las neuronas interactuarcon moléculas especializadas (utilizando un adenovirus para transferir a lasneuronasadultas copias de un gen que codifica cada uno de los tipos de integrinas). El resultado final del experimento –se publicó en Journal of Neuroscience-fue un sustancial aumento del crecimiento de fibrasnerviosas (diez veces superior a lo normal). En diciembre del 2006 explicamos que los axones -las conexiones que existen entre las células nerviosas del cerebro (es decir, las neuronas) a través de las cuales tiene lugar el intercambio de impulsos nerviosos- que resultan dañados no se regeneran a causa de la presencia de una molécula conocida como semaforina 3A que inhibe su regeneración. Y contamos que algunos investigadores decidieron investigar cómo bloquear su acción para ver si así se lograba la regeneración axonal. De ello se encargó un equipo de la Universidad Keio de Tokio (Japón) que pronto afirmaría haber encontrado un inhibidor selectivo de la semaforina 3A logrando buenos resultados en ratas. El trabajo se publicó en Nature Medicine y el fármaco –en fase experimental- se denominó momentáneamente SM-216289. Según explicarían lo aplicaron directamente en la zona medular dañada de las ratas durante cuatro semanas y lograron así una clara regeneración de los axones, la mielinización, el descenso del número de células dañadas y un aumento de la angiogénesis con creación de nuevos capilares. Posteriormente, en abril del 2007, explicamos que hacía ya varios años se había constatado que las mujeres con esclerosis múltiple mejoraban notablemente cuando quedaban embarazadas y se planteó como posible razón la liberación que se produce durante la gestación de una hormona, la prolactina, cuya presencia permitiría reconstruir la mielina, es decir, el tejido que recubre las células nerviosas. Así que con el fin de constatar si verdaderamente era así un equipo de investigación multidisciplinar coordinado por Samuel Weiss –miembro de la canadiense Universidad de Calgary- y Fred Gage -del Instituto Salk de San Diego (California)- decidió comprobarlo en ratas preñadas tras destruir buena parte de la mielina que rodea sus células nerviosas. Pues bien, su trabajo se publicó en The Journal of Neuroscience y confirmaría que la prolactina aumenta notablemente la producción de oligodendrocitos -las células productoras de mielina- tanto en el cerebro como en la médula ósea. Lo mismo si es por causa del embarazo como si se inyecta directamente la hormona (así se hizo con las ratas no preñadas). Y lo que es más importante aún: administraron prolactina en daños neuronales similares provocados por otro tipo de enfermedades ¡y también funcionó!Fue el primer trabajo que infería que la prolactina podría utilizarse terapéuticamente en personas con esclerosis múltiple y otras patologías en las que se destruye la mielina. Quedaba por comprobar si la eficacia en seres humanos es similar y si un tratamiento con prolactina permitiría detener o revertir los daños neuronales causados por la destrucción de las vainas de mielina. Posteriormente, en enero del 2008, tras recordar que varios investigadores habían encontrado ya en dos regiones del cerebro células madre neuronales capaces de dar lugar a neuronas adultas, contamos que un equipo español dirigido en Sevilla por José López Barneo las acababa de encontrar también –trabajando igualmente con ratones- en el cuerpo carotídeo del sistema nervioso periférico. Descubrimiento que mereció el honor de ser publicado en Cell, la revista de mayor prestigio en el ámbito de la Biología. Según explicaría el investigador español probablemente no se encontraron antes porque se camuflan como glías cuando no están activas. Pues bien, una vez cultivadas in vitro se comprobó que efectivamente dan lugar a neuronas funcionales. La principal ventaja de este hallazgo es que son células más fáciles de obtener que las del sistema nervioso central. “Este hecho –decíamos ya entonces- abre una fundada puerta a la esperanza a los enfermos -entre otros- de Alzheimer, Parkinson o esclerosis múltiple así como a las personas que han sufrido ictus o hemorragias cerebrales”. Agregaremos que más recientemente –en enero del 2009- se dio a conocer que en Escocia iba a realizarse un experimento con personas que hubieran sufrido un derrame cerebral consistente en inyectarles directamente células madre en el cerebro para intentar regenerar la zona afectada. La idea era tratar inicialmente a cuatro grupos de tres pacientes cada uno durante dos años encargándose de ello la compañía radicada en el Reino Unido Reneuron que preside el Dr. Michael Hunt. La intención era probar primero si el tratamiento es seguro y luego proceder dando sólo 2 millones de células madre embrionarias que se iría incrementado gradualmente hasta llegar al final a 20 millones, número que los investigadores consideran suficiente para comenzar la regeneración. Debemos añadir que esta técnica ya se ha probado en animales lográndose el crecimiento de nuevas células además de la regeneración de las dañadas. Cuando sepamos los resultados definitivos los daremos a conocer. Terminamos señalando que el pasado 27 de enero del 2010 investigadores de la Universidad de Stanford explicaron en Nature que habían conseguido transformar células de fibroblastos de la piel de ratones en neuronas funcionales mediante la simple inserción de tres genes que codifican factores de transcripción -proteínas que ayudan a regular la actividad de los genes- denominados Ascl1, Brn2 y Myt1l que aparecen normalmente cuando las nuevas neuronas están naciendo. Hasta ahora los científicos pensaban que este tipo de flexibilidad requería la manipulación de células en estados iniciales de desarrollo para poder convertirlas en células madre pluripotenciales pero la nueva técnica ¡permite convertir directamente un tipo de célula en otro! Las neuronas inducidas se comportaron en la placa de laboratorio igual que las neuronas normales, comunicando bien con otras neuronas y fabricando proteínas de forma habitual. Ahora bien, los investigadores ignoran si esto permitirá producir masivamente células para trasplantes o regeneración de tejidos dañados –al menos a corto plazo- y si esas nuevas células no darán luego lugar a mutaciones anómalas que provoquen cáncer u otras patologías. En cualquier caso es evidente que este descubrimiento obliga a los biólogos a replantearse sus convicciones sobre la plasticidad y posibilidades de las células. José Antonio Campoy

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