Una mirada diferente de las Diosas

este articulo lo tome del Blog de Xabier Pikaza que se llama El camino de la palabra ,que es una persona que es Católica pero muy interesante , lo que plantea de las Diosas del amor ( panteón griego )si quieres leer mas de el les dejo el sitio

http://blogs.21rs.es/pikaza/

Muchos hablan de las diosas y el amor en Grecia: Deméter y Afrodita, Atenea y Artemisa [1]. Algunos suponen que sus figuras representan el triunfo de una religión abierta a lo femenino. Para situar el tema he querido evocar la figura y función de algunas de sus diosas principales.
En la religión olímpica de Grecia, diosas y dioses son fragmentos de la totalidad supratemporal sagrada, que preside la vida de los hombres. Por eso no existe una diosa principal que recoja o condense la sacralidad completa del universo, sea en forma de Gran Madre, sea como signo de un eterno femenino que domina por encima de los hombres (Isthar, Isis). Hay varias diosas importantes y cada una expresa un rasgo muy valioso de la realidad total, mirándola en clave femenina y ofreciéndonos así un tipo de apertura simbólico-religiosa hacia el conjunto de lo humano (y lo divino).
Las diosas olímpicas de Grecia han superado el plano de la maternidad telúrica. No son madre primordial que domina desde arriba, en forma preconsciente, el proceso dela vida. Tampocoson esclavas sexuales: no están sobre el cielo para ser fecundadas por dioses patriarcales (a pesar de que Zeus aparezca realizando esta función con figuras divinas o humanas inferiores). Ellas aparecen como una expresión de la libertad e importancia de lo femenino: expresan los rasgos permanentes de la feminidad, interpretada como inteligencia-orden (Atenea), como belleza impulso erótico (Afrodita), como juventud y fuerza creadora (Artemisa).

1. Atenea (en Roma Minerva) es la expresión de la prudencia y claridad humana: es el gozo de vencer, es la luz,la inteligencia. En ese sentido podemos decir que es el “amor inteligente”, en clave de mujer. Estos rasgos la vinculan con Apolo, Dios luminoso por excelencia. Pero la misma sacralidad que en Apolo es masculina se desvela en Atenea como femenina: así aparece como inspiradora y protectora amorosa de varones y mujeres, como fundadora del orden ciudadano (Atenas), como guía de estadistas y comerciantes. Ella es el sentido y la realidad de un mundo entero y perfecto, del mundo claro, duro, glorioso…. de los proyectos que se consiguen realizar por medio de una fuerte prueba o lucha creadora.
2. Artemisa (en Roma Diana) es la diosa del orden, de la rectitud y belleza corporal y, especialmente, del amor cósmico. Así la podemos presentar como hondura femenina de la naturaleza. No es la verdad sagrada del proceso de la vida en cuanto tal (nacer/morir), sino el encanto y resplandor eterno de aquello que existe siempre, por sí mismo (que no nace ni muere) y que se expresa en la naturaleza. Por eso es virgen: signo fundante de una vida concebida en estado de constante florecimiento. Así camina por los montes, rodeada de animales, recordando a los varones y mujeres el aspecto sagrado de este mundo, de manera que nadie puede poseerla ni violarla. A través de ella, los griegos aprendieron a descubrir el carácter de belleza eterna de la naturaleza. “En ella el fiel espíritu conocedor aprendió a percibir esta eterna imagen del sublime carácter femenino como algo divino”.
3. Afrodita (en Roma Venus) es la eterna hermosura que surge de la espuma del mar, en una concha sagrada (venerea, vieira), en forma de mujer, saludada por el júbilo del mundo. Ella es el encanto divino de la calma marina, es la diosa de la naturaleza, tal como se expresa en la vida de los hombres, apareciendo así como una atracción de amor; ella es la revelación eterna del deseo entre los seres humanos. No es el amante ni el amado; ella es gracia y hermosura del amor que nace como un milagro sorprendente en medio de la naturaleza, llevando a todos al encuentro gozoso en que culminala existencia. Por eso, ella no es una diosa “erótica” (en el sentido ordinario de ese término), ni mucho menos una figura pornográfica, sino expresión de la fuerza divina del amor. Está cerca de las diosas orientales del amor Ishtar y de Ashtarté (Anat), pero ofrece rasgos propios, vinculados al genio social y religioso de los griegos. Su figura ha sido y sigue siendo uno de los referentes básicos del amor en la historia de occidente.

Estas son, conforme a la visión entusiasta y casi creyente de W. R. Otto, las diosas olímpicas supremas de los griegos, que reflejan el espíritu fundante del humanismo helénico que surge y triunfa precisamente allí donde se superan los dioses primitivos de la muerte y nacimiento (el eterno femenino de la diosa madre, la ex­presión amenazante de los monstruos y titanes de la tierra). Los griegos han mostrado así que la misma vida humana es ya divina. Diosas y dioses sacralizan el valor eterno de la realidad humana. Los hombres concretos viven, según eso, en dos niveles. Por un lado están inmersos en los ciclos de la naturaleza: nacen y mueren, en proceso siempre repetido. Sin embargo, ellos contienen y reflejan, a otro plano, la verdad eterna: participan, de algún modo, de la supravida y la verdad eterna de los dioses, es decir, de las ideas eternas y, en ese sentido, participan del amor divino.
Diosas y dioses son fragmentos de la totalidad supratemporal, sagrada, que se desvela en la vida de los hombres. Por eso no existe ya una diosa principal que recoge o condensa la sacralidad completa del universo, sea en forma de Gran Madre, sea como signo de una especie de eterno femenino que domina por encima de los hombres (Isthar). Hay varias diosas y cada una ha explicitado un rasgo muy valioso de la realidad total, mirándola en clave femenina y ofreciéndonos así un tipo de apertura simbólico-religiosa hacia el conjunto de lo humano (y lo divino). Esas diosas han superado el plano de la maternidad telúrica. No son madre primordial que domina desde arriba sobre el proceso dela vida. Tampocoson esclavas sexuales: no están sobre el cielo para ser fecundadas por dioses patriarcales (a pesar de que Zeus aparezca realizando esta función con figuras divinas o humanas inferiores). Ellas pueden ser una expresión de la libertad e importancia de lo femenino: expresan los rasgos permanentes de la feminidad, interpretada como inteligencia-orden (Atenea), como belleza e impulso erótico (Afrodita), como juventud y fuerza creadora (Artemisa). Ellas expresan los rasgos principales del amor en forma de mujer. Por eso son sagradas y luminosas; pero estrictamente hablando carecen de libertad, no se pueden entender como personas.

[1] Cf. W. R. Otto, Los dioses de Grecia. La imagen de lo divino a la luz del espíritu griego, Eudeba, Buenos Aires 1973; J. P. Vernant, El universo, los dioses, los hombres: el relato de los mitos griegos, Anagrama, Barcelona 2001.
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